miércoles, 10 de septiembre de 2014

Reflexionando...

No se como hemos llegado hasta aquí.
Aún no ha empezado el invierno y el frío acaba de asomar en mis ojos.
¿Que coño hago escuchando hablar de mi - y de ti- a una persona que no tiene ni la más mínima idea de lo que estamos viviendo?
Acaso, cuando decían que el amor es locura y los enamorados unos locos, ¿es simplemente porque el resto del mundo, ajeno a nosotros, no lo entiende?
Menos mal que yo ahora lo entiendo, al amor le llaman locura con cierta envidia y tono exagerado porque son ellos los que no lo entienden.
¿Acaso puede decirte alguien como debes actuar en el amor? Que si debo ir más despacio, más deprisa, más por aquí, más por allá... ¿Y qué va a ser lo siguiente? ¿Van a decidir cuando tengo que darte un beso?
De hecho, ¿ACASO SE PUEDE IR DESPACIO EN EL AMOR?
El amor es un tren que no espera, que te arrolla y si vas despacio, algo estás haciendo mal.
Y es que poca gente sabe apreciar el amor. El amor de verdad. Se ve pocas veces en esta sociedad de estereotipos (en la que el físico es más importante que la persona)  y cuando ven a dos personas queriéndose de verdad es inevitable suscitar resquicios de envidia en aquellos más cercanos.
Sin embargo, él y yo, rectifico, tú y yo, pasamos ajenos a eso.
Piensan que hacemos un mundo si no nos vemos, pero es el mundo el que nos hace a nosotros.
Se piensan que soy gilipollas, que no se que tienes que centrarte, cuando es lo único que no paro de repetirte. Y creo que si no estuviera tan encima las cosas irían mucho peor.
Me culpan de tus fracasos, pero no saben que tus fracasos son los míos, que tus heridas son las mías y no soy tan estúpida de querer autolesionarme.